viernes, junio 13, 2008

Abrazo


Dos magos, soñadores del agua y de la luz
y creadores de mundos en la conciencia felina.

Comprendiendo

Fuente. Parque Vigeland (Oslo)



Buscaba a Dios en mi,


pero está en Nosotros


martes, junio 10, 2008

Burbujas (II)

La Escalera de Jacob. William Blake.

II

Al camino de siempre, que está hecho de asfalto o arena y tiene ya principio y final, no se le ama porque viva y permanezca con nosotros en el andar, sino por todo lo contrario: porque acabará y lo olvidaremos, alcanzando ese lugar de ensueño al que creemos dirigirnos.

¡Que tristes parecemos en la vida, al caminar! ¡que ciegos y que endurecidos! Llevamos en la cabeza el sueño de la felicidad futura y la promesa del más allá se convierte a menudo en desprecio de lo que está más cerca.

Estos caminos del mundo en los que estamos sin estar, olvidados nuestros pies mientras caminan, con el corazón en la mirada y la mirada puesta a lo lejos, creyendo vislumbrar lo que aun no existe... (Y si no existe ahora, ¿cuando existirá?) Los seres, las cosas, los paisajes que vienen, nos llegan y ya se van marchando, sin apenas ser recibidos.

¿Por qué trato al Mundo como si fuera un siervo? Al mundo y a los seres que me trae el mundo: a mi cuerpo, a mi mente y a mi corazón, y a la envoltura de todo, eso a la que llamo “yo mismo”.

Me dejo servir por todos sin siquiera mirarlos, como si fueran objetos, como frascos de vidrio a los que se deja a un lado, transparentes, cuando se ha agotado su contenido. Mi atención está puesta en mis sueños, y no sobre estos seres de carne y hueso, de polvo y sangre, de piedra y de profundidad, en los que se sustenta mi vida.

Algunos de estos seres que nos trae el camino durarán un tiempo en la memoria, como fantasmas que se niegan a marchar pero a los que ya no queda sangre o sustancia para pintar en colores la luz, acariciar la tierra o provocar sonido; otros permanecerán apenas un instante con nosotros pero, a la mayoría, ni tan siquiera alcanzaremos a verlos.

Y en ese tiempo vacío será como si no hubiéramos existido: nosotros por no sentir, ellos por no ser sentidos.

Si no hubiera Algo más grande que yo en alguna parte del Alma…, si la Creación entera dependiera solo de mi vida y mi conciencia ¡que Universo más pobre sería el nuestro!!que enormes lagunas de olvido!¡que eternidades de no existir!¡que cuerpo inmenso para mis planetas y soles del que nadie podría recordar las manos, los ojos, o el corazón!

lunes, junio 02, 2008

Burbujas ( I )



I

En nuestro tránsito por el Hombre, a lo largo de esta experiencia de cuerpo y conciencia que llamamos vida humana, ocurre algo parecido a lo que pasa al andar cualquier camino sobre la Tierra.

Los pasos nos llevan, los ojos puestos en la búsqueda interior, por distintas comarcas. Los paisajes del alma cambian bajo la luz del sol o de la luna. Y lo que pasa fuera, y lo que pasa dentro, son como hermanos gemelos separados por un espejo. ¿quien sabe cual es la imagen y cual el reflejo?

A veces el mundo, ahí fuera, tiene frío. Otras languidece de calor, y el camino se vuelve una lengua larga y muda, de arena seca. ¿Cuanto tiempo he permanecido sin hablar porque el mundo endurecido en el que vivía no fue capaz de articular una sola sílaba?¿Y cuantas veces mi tristeza juntó las nubes en el cielo y llenándolas de congoja les hizo llorar?

Los paisajes que llegan de fuera a veces son tan extraños que nos obligan a despertar del sueño interior, con un sobresalto, a devolver nuestra conciencia al cuerpo. Entonces, en ese instante, como si el mundo inmenso apoyara el pie sobre la punta de una aguja y en ella se balanceara, todo el espacio y el tiempo se juntan entre tus ojos, o sobre tu corazón. Se abrazan en ti todas las cosas, y lo que era y lo que es se vuelven uno contigo en este punto único del Ser que eres, en este aquí y ahora.

El espejo se rompe por un instante, eterno o fugaz instante, y reconocemos como en un relámpago que nunca estuvimos solos, que la Gran Vida en la que existimos es consciente de nosotros, que caminamos sobre el Misterio como sobre la piel desnuda y alerta de un extraño planeta, de un Poeta incomprensible de la vida y de la muerte.

domingo, junio 01, 2008

Y dijo Jesus:

Madre Primordial. Johfra

Hágase en mi,
según Tu Palabra

miércoles, diciembre 12, 2007

Busquedas y digestiones

La noche del diluvio. Turner


Antes buscaba la Verdad,


ahora me conformo con la coherencia.


Problemas digestivos, quizás.

domingo, octubre 07, 2007

Despertar

La Bella Durmiente. Kinuko Craft

I

Esta noche soñé con una ciudad que parecía conocer bien mientras duró mi sueño, pero luego, al despertar, supe que no existía en este mundo nuestro.

Había dejado abandonados ciertos objetos personales y queridos en algún lugar público, creo que una especie de pequeña marquesina cerrada, como una cabina telefónica. Era un refugio que protegía del frío y de la lluvia al viajero que, atento a lo evidente, supiera reconocerlo al pasar y quisiera detenerse unos momentos. Los dejé en aquel lugar no por olvido, sino porque debía volver a pasar por aquel sitio más tarde y nadie, que yo supiera, había nunca entrado allí más que yo.

Llevaba ya caminadas varias manzanas (recuerdo las calles, los edificios, los árboles) cuando pensé que aquel rincón no era realmente mío, que alguien podría pasar por allí y llevarse mis cosas al pensar que estaban abandonadas.

Volví pues, desandando deprisa el camino. Sentía cierta inquietud al recorrer de nuevo esas calles, más largas de lo que hubiera querido y que, a medida que avanzaba se me iban haciendo menos familiares. Y así hasta llegar a un lugar que todavía conocía, pero en el que ya dudaba de cual de los caminos debía tomar. En ese momento de indecisión, que se hizo interminable, con la inquietud de haber perdido los objetos que tanto necesitaba y quería, me desperté.


II

Justo en el instante de abrir los ojos a este mundo que compartimos, comprendí que aquello que tanto me preocupaba en el sueño, llegar a tiempo y recuperar mis cosas, era ahora completamente intrascendente. En el acto de despertar no solo aquellas pocas cosas mías, sino la ciudad entera y, aún más, el que transitaba por ella se habían perdido. Pero nada de todo aquello importaba al que despertó. Plena conciencia e interés nulo por aquellos mundos, así se podría definir su estado.

Y supe, con certeza, que esta ciudad en la que escribo ahora no es más real que aquella otra en la que mi conciencia caminaba en sueños. Ambas están fabricadas, me parece, de la misma sustancia: una especie de presencia cruda que ahora casi me siento capaz de tocar.

Y me surge la pregunta:

¿Si ese fue el despertar del sueño horizontal, por qué el otro Despertar ha de ser diferente?

En ese instante del Despertar se disipará este universo de ahora, que en realidad se llama Francisco. Se borrará en un momento, como si nunca hubiera existido. Y esto no tendrá ninguna importancia para el que despierta. Tal vez porque se sabe a la vez soñador y materia de la que se hacen todos los sueños. Francisco podría volver en cualquier momento si Eso quisiera pero, ¿para qué?.

Siento que en mis labios se curva la sonrisa, una sonrisa que brota desde adentro, como el pájaro gigantesco que anida en el Corazón y extiende sus alas más allá de si mismo.

Si algo mío sobrevive al Despertar creo que solo podrá ser esta Sonrisa.