martes, marzo 13, 2007

Eternidades

Lluvia, vapor y velocidad. Turner


Viajo a través de la infinita Creación. Travesía en solitario. Tan fácil o tan difícil como cruzar la calle. Fugaz y eterno. No la cruzas una vez, sino una vez y otra, y tal vez te sueñas a ti mismo siempre cruzando esa misma calle.

En esta parte de la travesía parece como si el barco no se moviera. Alrededor hay un mar en calma en el que el agua, el cielo y la luz parecen mezclarse.

Y sin embargo, de cuando en cuando, es como si el barco atravesase un banco de niebla envenenada. O quizá es el hedor del propio casco que, lentamente, se pudre y se va convirtiendo en mar
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domingo, marzo 11, 2007

Conocimiento de juego y de curación (II)

Puesta de Sol en Marte. NASA


III

Si tu eres una de esas ovejas negras, buscadora de extraños pastos, permíteme una advertencia. La mayor parte de los conocimientos que encontrarás, como sabes, son inútiles. Pero cuando encuentres conocimientos de poder, ¡cuidado!. Algunos son medicina y otros son poderosos narcóticos.

Los conocimientos narcótico los reconocerás fácilmente, porque todos son calmantes. Están bien por un tiempo, hasta que te cansas de que tras un periodo de tranquilidad, que cada vez se te hace más corto, la insatisfacción vuelva más y más fortalecida.


Esos conocimientos son pastillas para dormir, no auténticas medicinas. Te devuelven temporalmente a la “normalidad”, te hacen sentir una falsa paz en el alma. Miras durante un tiempo a otra parte, a una especie de mundo luminoso en el que todo está bien y en el cual tu pareces quedar, a la vez, olvidado y fundido con el Todo. Te dan la sensación de que has llegado, de golpe y sin esfuerzo, a la cúspide de la perfección. Pero no es cierto.

Si miras con cuidado verás que no todo está bien, pues no consigues hacer permanentes esos momentos de plenitud y de maravilla. Y es que la raíz del descontento sigue ahí, en tu alma. Y ahí continuará hasta que, mediante el trabajo sobre tí mismo, sea arrancada o transformada en luz.

Estas medicinas-somnífero están hechas en general, de “conocimientos-armonía”, de prácticas de relajación, y su producto principal es “la calma pasajera”. Frecuentemente hablan de "amor universal", pero olvidan el amor, y tambien la compasión, tomados "de uno en uno".

Es verdad que, antes que nada, hay que traer el silencio al interior y hacer que la mente parlanchina deje de hablar. Pero una vez conseguido eso, hay que ponerse al trabajo. Este no es el final de todo, sino el principio.

No hay paz posible antes de la guerra, ni descanso antes de trabajar. Solo podrá llegar después, si es que llega. Porque quizá después, la paz y la felicidad personales ya no sean lo más importante.

Conocimiento de juego y de curación (I)

Sol y Luna



El invierno de nuestro descontento

Now is the winter of our discontent
Made glorious summer by this sun of York

Shakespeare, Ricardo III

(Ahora es el invierno de nuestro descontento,
convertido en glorioso verano por este sol de York)



I


Hay una gran distancia entre entender (con la mente) y comprender (con todo el ser), la misma que entre el dicho y el hecho, la misma que entre el conocimiento presuntuoso y vacío y el conocimiento que te transforma.

Quien está contento, en el fondo, consigo mismo y con el mundo respeta las reglas del juego y se convierte gustosamente en una pieza del engranaje. Una pieza lo más dorada posible, eso sí, para destacar con fuerza de los demás, para tener más, para ser más apreciado y más querido. Sus dolores e incomodidades son, desde entonces, siempre relativos: sufre por tener menos que otro, por ser menos querido que otro, por alcanzar menos éxito que otro. Para estos seres el conocimiento es solo un medio y las palabras no valen tanto por la sabiduría y el poder que encierran sino por el éxito que son capaces de atraer de fuera.

El que no está contento, sin embargo, ni consigo mismo ni con lo que le rodea, no puede sentir consuelo al compararse con el vecino. Somos todos habitantes de un pequeño pueblecito: el que más posee tiene una vaca y el que menos, un perrillo.

Si sufres de un fuerte dolor de muelas no te consuelas y quedas tranquilo sólo con ver que otro se acaba de romper las piernas. Al contrario, si tienes aún sensibilidad te alterarás más todavía comprendiendo que lo que te rodea se parece más a un infierno que a un paraíso.


II


El que no está contento se encuentra solo en medio de un mundo autocomplaciente, un mundo que acepta las cosas como son incluso cuando se queja, incluso cuando las cambia en la forma para que en el fondo no cambie nada. Se descubre convertido no en un enemigo del sistema, sino más bien en un extraño, en alguien totalmente inasimilable. Vive aquí sin ser de aquí, se reúne con las demás personas y realiza los mismos actos, pero sus motivos son completamente distintos. Es un ser al que le duelen las piernas rotas del alma, y todo su empeño es buscar un remedio. Un remedio para sí mismo, pues el dolor y el placer, al parecer, son solo suyos.

Así, buscará un conocimiento que le cure, no que le proporcione palabras para la conversación, anhelando aquella sabiduría que tenga un poder de transformación para así, finalmente, incorporarla a si mismo y quedar sano.

miércoles, marzo 07, 2007

Esperando a que la lluvia cese



Estoy sentado dentro de una película de Kurosawa. Llueve, en blanco y negro. Una lluvia de los años cincuenta que quedó prendida en alguna dimensión misteriosa de la luz, y en la que entro ahora sobre la pantalla de mi ordenador. Lluvia que no me moja, aire que no respiro, tierra a la que no rozo con la piel. Vivo en medio de una película.

Es como un milagro, porque el ordenador es portátil y pequeño. Si fuera una caja de cartón apenas podría contener un puñado de cartas, alguna foto familiar, una medallita de buen comportamiento. Pero su pantalla es como una puerta que se abriera a los universos, mundos plegados cien veces, como cartas de amor que se guardan en un rinconcito. Basta un pequeño “ratón”, ni siquiera un mágico conejo, para abrir un hueco por el que deslizarnos, diminutos como Alicia, olvidados de nuestro cuerpo, convertidos en un charco de conciencia.

Estoy sentado en una calle del Japón medieval. No se como he llegado hasta aquí. O mejor dicho, si, si que lo se. En realidad nada de lo que veo existe ahí fuera, salvo una nube de destellos en la pantalla plana que provoca una cascada de cambios químicos en mi retina. Hay una calle y hay un Japón, solo porque yo lo quiero, y lo quiero ahora, después de que otros muchos, en otras partes y en otros tiempos, también lo hubieron querido. Una cadena de voluntades ha creado, aquí y ahora, este sueño hecho con la carne y con la sangre de la luz.




Llueve en blanco y negro sobre lo que parece una calle cubierta de charcos. En el escalón de un extraño edificio, quizá un templo, hay un hombre sentado que mira la lluvia caer. Curiosa vida la suya. Contempla como llueve esperando solo a que la lluvia cese, para así poder dejar de mirar. Es humilde y está vestido con mucha simplicidad. Cuando se queda quieto parece una gota más de lluvia que hubiera quedado prendida en el espacio, negándose a desaparecer.

En ningún sitio mejor que en las películas orientales veo y comprendo la simplicidad del hombre, su existir natural, sin maravillas, sin pizca alguna de magia o de romanticismo. La imagen sin color, el sonido sin música y sin palabras, o con palabras que no entiendo, los cuerpos vestidos solo con unos trapos, la comida a base de arroz, tan blanco que parece que no se esté comiendo nada. Hasta el licor es blanco, como la sangre de un árbol hendido que no provoca al manar escalofrío alguno.

Extraña vida la de ese hombre. Mirar la lluvia caer, esperando solo a que la lluvia cese, para así poder dejar de mirarla, y partir
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sábado, marzo 03, 2007

Telepatía

Telaraña en la lluvia



Hay algo muy poderoso en el hacer preguntas. Lo sé porque frecuentemente escribo en los foros, y a menudo lo que tengo para ofrecer no son respuestas, sino preguntas y más preguntas.

Mis mensajes tienen siempre la misma intención que el escalón de piedra, servir de base para una escalera que desde ellos llegue hasta el cielo. Los escalones serán pisados y olvidados, esa es su función, pero harán posible que algún día bajen los ángeles por la escalera que forman. ¿No es acaso ese el sueño de todas las preguntas? ¿No es el beso de un ángel la respuesta que toda pregunta espera recibir un día?

Un mensaje escrito y lanzado al aire es como una telaraña sutil tendida en el espacio. Quien luego lo lee hace vibrar la tela con sus pensamientos. A veces incluso puedo sentirlo. Se que la tela de mi pregunta vibra. Miro en mi cabeza y encuentro ideas que no parecen mías, respuestas que llegaron sin sonido, como mails que alcanzaron mi correo sin necesidad de navegador. ¿Es esto lo que llaman telepatía?





No querría crear malentendidos. No son palabras articuladas lo que se recibe. Es más bien como cuando se recuerda una experiencia que se ha vivido. No la recuerdas como si la estuvieras contando a otro, en español, o inglés, o en la lengua que sea, sino más bien como una pasta compleja de sentimientos, ideas, recuerdos, olores, colores, sonidos. Recuerdas pedazos de vida empapados en emoción, y no palabras.

Lo extraño con las respuestas a mis preguntas es que son recuerdos de algo que yo no he vivido, pedazos de vida que no me pertenecen. Es como besar a alguien en los labios del alma. Por un momento, al fundirse los seres, parece como si las dos vidas se entrecruzaran, alimentándose una de otra. Luego miras, y las respuestas están ahí, a la altura de tu corazón. Las ramas de dos manzanos se tocan sobre la valla. Sopla el viento, las ramas se abrazan, y cuando vuelve la calma hay manzanas de cada árbol en el jardín del otro. Eso es, para mí, la telepatía.

También es posible que esté loco, aunque no lo creo. O mejor dicho, es probable que lo esté, pero me importa un bledo.



jueves, marzo 01, 2007

Hablando de astrología

Jesus (Issa) y la calavera del Gigante. Roerich



La Astrología puede servir para muchas cosas diferentes, según el conocimiento y el propósito del que la lee o practica. Se trata de una ciencia-arte muy antigua y no queda vivo nadie, ni en persona ni en palabra, que nos pueda explicar para qué servía en su origen. Sabemos, eso sí, que estaba relacionada con la religión, o sea, con la ciencia-arte de hacerse Dios, pero eso es todo, que yo sepa. El resto es astronomía.

De modo que hoy hemos tomado ese antiguo y sagrado instrumento, que nos llegó sin guía de usuario, y cada uno lo utilizamos según nuestro mejor parecer y entender. Uno dice que le parece esto, o que le parece aquello, y escribe un libro, otro afirma que puede leer el futuro (“que está escrito en las estrellas”) y cobra a cambio un módico precio, y el de más allá afirma con orgullo poder acertar el signo de nacimiento de cualquiera a los dos minutos de conocerle, etc... En general quienes hablan son solo psicólogos sin título, aunque con gran intuición, que se han leído algún libro moderno de astrología, o también puros y simples charlatanes a la búsqueda de beneficio, sin más aderezo. Lo curioso del caso es que muchas de estas afirmaciones, realizadas por alguna persona realmente entrenada, podrían ser ciertas. Yo mismo soy capaz, para mi sorpresa, y cada vez con más frecuencia, de acertar el signo o el ascendente de la gente con la que me cruzo y con la que he hablado solo unas palabras.... Pero no sabría explicarte la causa, porque cuando empiezo a filosofar sobre ello me entran los temblores y lo tengo que dejar.

Bien, para mí la astrología es, básicamente, una guía de viaje, un plano que señala el camino del Tesoro. Este viaje no es físico, claro, sino un proceso de transformación personal marcado por doce fases o signos. No “somos” de un signo, como no “somos” de un cine, de una iglesia o de una plaza, sino que transitamos por él. Somos los doce signos, o mejor, lo que ellos significan, pero solemos especializarnos en uno o dos solamente. De modo que permanecemos empapados de ese signo la vida entera, o hasta que aprendemos su lección y entonces pasamos al siguiente. Aunque lo más probable es que no nos interese aprender lección alguna, sino solo dominar convenientemente los recursos de un signo para poder vivir lo más cómodos posible en él. A esto lo llamamos “maduración”.

En lo que me indica mi experiencia, en nuestros primeros años “somos” nuestro signo zodiacal de nacimiento y, a medida que maduramos, “vamos siendo” cada vez más nuestro ascendente. Y ahí se detiene, normalmente, nuestro aprendizaje vital.

No obstante, algunos de nosotros, no contentos con esto, deseamos ser “los doce signos”. No queremos, por así decirlo, interpretar este o aquel papel en la Comedia Humana, sino que, modestamente, deseamos ser “todo el teatro”. Creemos, quizá por nuestra infancia cristiana que, para ser Dios, primero hay que ser Hombre (con mayúscula, o sea, todos los hombres). Para este tipo de “locos” la astrología es una guía inapreciable, un mapa de carreteras, como decía antes.

En los últimos mensajes he hecho una especie de borrador de prueba, he pretendido escribir lo que siento hoy al transitar por dos de los doce signos. Quería haber escrito a continuación mi experiencia en el signo siguiente, en este caso Libra, y luego Escorpio, etc..., pero no puedo. Es como si me hubiera quedado vacío por dentro. Llevo un mes intentándolo pero no consigo avanzar. Conozco el signo, claro, pero con la cabeza. No consigo sentirlo “en las vísceras” por así decir. No puedo “encarnarlo”. Me falta algún tipo de experiencia que no llega, pero que llegará.

Cuando lo viva lo contaré, si puedo. Abrazos.

domingo, febrero 04, 2007

Vision hermetica

Visión de Hermes Trismegisto. Johfra

"Lo que para la oruga es el fin del mundo,
todos los demás lo llaman mariposa"

Richard Bach. (traducción libre)

"What the caterpillar calls the end of the world, the master calls a butterfly"
(A lo que la oruga llama el fin del mundo, el maestro lo llama mariposa)