martes, abril 07, 2009

Tocarse


Icaro

Recuerdo una película que vi hace mucho tiempo. Se llamaba Lady Halcón. Me viene a la memoria por un detalle del argumento.

A causa de una maldición, una pareja de amantes se ven condenados a vivir siempre juntos y, al mismo tiempo, separados. El hombre es hombre solo durante el día, mientras su enamorada vive transformada en halcón. Y ella es mujer por la noche, cuando el hombre existe convertido en lobo.

Y así viven juntos, medio persona medio animal, sin otra comunicación entre ellos que el puro contacto entre la consciencia e inconsciencia de dos especies muy distintas. Pero al amanecer, mientras uno aún conserva el rastro de haber sido humano y el otro casi empieza a serlo, a veces, las puntas de sus dedos se tocan.

Solo por este momento recuerdo la película. Los pocos fotogramas en los que unos dedos que se convierten en ala se estiran con esfuerzo para rozar una zarpa que se va volviendo humana.


Estate atento al despertar. Justo al momento antes de recordar quién eres. En ese instante, cuando aún no existe el ser humano, el lobo y el halcón se tocan. Se tocan el que eres en el sueño y el del mundo real. Por un instante recuerdan que los dos son uno. Dios, por decirlo así, puede usar durante un momento tu cerebro de hombre.

En ese instante es cuando llega la Revelación.

domingo, marzo 29, 2009

El bien y el mal, expulsados del Paraiso


I


Ser bueno no es portarse bien. Portarse bien es hacer las cosas como los demás esperan.

¿Existe el bien más allá de la voluntad de los sacerdotes y de los poetas?
¿más allá del miedo a ser rechazado, encerrado o muerto por los que nos rodean?

II

De niño me explicaron cómo se pierde el Paraíso.

Basta con comer del Árbol del Bien y del Mal (es un árbol, y no dos. El bien y el mal han de estar abrazados, para que la manzana exista).

Y es preciso comer, no solo tocar y ver, no solo soñar que se ha comido, porque al comer incorporas en tu naturaleza el alimento que tomas. Al comer la manzana de aquel Árbol, el Hombre se hizo a la vez bueno y malo.

¿Por qué el Paraíso toleraba en el Árbol lo que luego en Adán le resultó insoportable?

La expulsión de Adán y Eva siempre me produjo una profunda tristeza. Los veía en dibujo, desnudos y llorando, caminando despacio y sin esperanza. El ángel de la espada ardiente, sobre ellos, se convirtió para el niño que yo era en enemigo del Hombre, en lacayo de la violencia contra el corazón.

Luego pasaron los años, y comprendí que nuestro primer impulso no siempre es el más generoso y, además, rara vez nos conduce a la verdad. La verdad se rumia entre los dientes, como la vaca el heno, se planta y se espera con el corazón, como al trigo, como a la flor de las margaritas.

No creo que la expulsión exista. ¿Expulsar adonde? Tal vez un imaginario Jehová, absorto en la justicia, pudo observar con complacencia la marcha de aquellos seres, que a mí tanto me hacía llorar. Pero ese Jehová es solo la imagen deformada de Dios cuando se le contempla con ojos primitivos. Cristo, una imagen más moderna, no lo hubiera permitido.

¿Y qué hubiera hecho el Dios real, el Innombrable, el que está por encima de Cristo y de Jehová y de todas las demás representaciones?

No creo que la expulsión exista. Pero si que creo en la pérdida. En el sueño. En el olvido.

Ser bueno no es portarse bien. Pero ¿qué es el bien? ¿por qué Adán tuvo que marcharse, olvidarse del Paraíso, envejecer, morir?

¿Se puede ser bueno, sin ser malo?

domingo, marzo 15, 2009

Visita el Interior de la Tierra.(Vitriol 2)


I

Soñé que miraba alrededor, sintiendo que todas las cosas maravillosas estaban ahora abiertas y huecas, como los cascarones vacíos del milagro. Uno tras otro los pájaros dorados habían volado. Tocaba los objetos, uno a uno, y las personas, y solo percibía ecos repitiendo sonidos vacíos, carentes de significado.

Sentí, con dolor, que el milagro nunca estuvo ahí. Y, sin embargo, aun percibía en torno mío, con tanta fuerza como siempre, el perfume de la maravilla. Mi mente no comprendía. Me hablaba de atravesar el mar, de llegar a las altas montañas del Tibet y de la China. “Dicen que en el desierto del Gobi está Shangrilá...”-me susurraba, tentadora.

Pero tu vista no puede gozar del jardín de rosas, si a tu nariz llega el hedor de un perro muerto.

El olfato fue mas fuerte que el sueño de la razón. Y el golpe de estado de la mente no triunfó por mas tiempo, ¡demasiado duraba ya! El cuerpo entero se levantó para sofocarlo.

Y comprendí con el instinto, con la piel del presentimiento, que el milagro estaba dentro de mí y, sin embargo, todavía inalcanzable.


II

Mi casa no soy yo, mi profundidad no es mía. Me asomo a mi mismo como al brocal de un pozo.

Presiento el Tesoro, quisiera abrazarlo ... ¿pero como?

sábado, marzo 14, 2009

VITRIOL


“Visita Interiora Terrae, Rectificando Invenies Occultum Lapidem”
(Visita el interior de la tierra, rectificando encuentras la Piedra Oculta)

I

Extraño empeño el de los alquimistas. Buscan a Dios no en el cielo, ni en el hombre, y ni tan siquiera en el animal, sino más abajo aún, donde los animales pisan. ¿Hay algo más bajo que eso?¿Satanás, tal vez? Buscan a Dios entre los minerales, en el suelo de la tierra, en el techo del infierno.

De niños nos enseñan justo lo contrario, nos animan a mirar al cielo. Nos dicen que en el hombre hay cualidades animales y divinas, y que hay que pedir a Dios que alimente a estas últimas desde lo alto: el amor, la piedad, la fraternidad entre los hombres. Las cualidades divinas siempre llegan desde arriba, como la lluvia, como la luz del sol.

Eso nos enseñan de niños, y la memoria de un niño, ya se sabe, es como una piedra inerte en la que muchas cosas quedarán grabadas para siempre.

El saber si ocupa lugar, cuando se convierte en creencia. Las creencias son celosas, y solo toleran hermanas gemelas alrededor. Si las cualidades divinas llegan de lo alto, entonces hay que mirar al cielo, aun corriendo el riesgo de que los pies tropiecen.
II

Ayer, mientras subía caminando la cuesta que me lleva al trabajo de todos los dias, los ojos resbalando hacia arriba por el suelo de cemento, súbitamente me di cuenta de algo: Si Dios-Hombre nació, según dicen, en un establo y entre animales, ¿por qué las cualidades divinas tendrían que nacer más alto?

Hay veces que la mente, de pronto, pone palabras a lo que el corazón hace tiempo que ya ha comprendido.

Las cualidades divinas en el hombre no llegan desde lo alto. No nacen, como los relámpagos, en el centro de una nube, ni en la mirada del sol. Las cualidades “divinas” del hombre nacen de lo más profundo del ser humano, y llegan arriba envueltas por su naturaleza animal. Son como recién nacidos, que lanzan su primer grito manchados de sangre y de suciedad.

III

Si no hubiera muerte, y tuvieras que vivir para siempre en un espacio cerrado con tu peor enemigo, ¿cómo lo harías? Primero inventarías la tolerancia para no sufrir, y luego, si fuera posible, el amor al Otro, para ser feliz.

La tolerancia, la caridad, el amor, tal y como los entendemos los hombres no son cualidades divinas, sino habilidades adaptativas que nos permiten sobrevivir emocionalmente en entornos hostiles. Son el lubricante que nos evita dolorosos roces en el día a día.

¿Y qué mejor medicina para la soledad y el sinsentido que dejarse caer, a veces, enamorado?

IV

El amor es invento del hombre, como la justicia, o como el arte. Hay amores como los bisontes de Altamira, sentimientos toscamente pintados en la roca por un Cromañon. Y hay amores como la Monna Lisa y aún más sutiles, todavía no expresados.

Los sentimientos, después de inventados, se cultivan y se desarrollan hasta lo sublime, como la pintura. Los amores se nos van convirtiendo poco a poco en Amor.

Sin embargo, ignoro aún lo que pueda ser ese Amor extremo, con mayúsculas. El mundo de las ideas de Platón tal vez existe, y lo transitan los dioses, reunidos como dedos en la mano de Dios. Pero yo, hoy por hoy, soy solo un alma en tránsito por el cuerpo de un hombre. Voy caminando a gatas, los ojos clavados en el suelo, abrazado a la madre tierra, hasta la muerte.

sábado, marzo 07, 2009

Volvio la Voz


Esta mañana, al despertar, me había vuelto la voz. No la voz de todos los días, sino la que puede llegar hasta la Cruz del Rayo.

En la vida estuve en muchas escuelas: tuve fortuna para entrar, paciencia para permanecer, fuerza para poder salir. En ellas conocí a muchos compañeros, pero no habitaba allí ningún Maestro.

No es desagradecimiento hacia quien me ayudó a aprender, al contrario. ¡Es agradecimiento supremo! Agradecimiento que sube hasta los ojos y toca el borde de las lágrimas. Agradecimiento que baja a las manos, pidiendo trabajo y acción.

Benditos sean esos compañeros, ni más sabios ni más fuertes que yo, que tuvieron la osadía de disfrazarse de maestros. Ellos sostuvieron el vacío sobre nuestras cabezas, creando la mentira mágica que nos permitió aprender. ¿Acaso alguno de ellos fue consciente de su impostura?

Pero ahora, que vuelve la voz, me pregunto: ¿Por qué ellos, y no yo, fueron los crucificados? En este planeta de hermanos ¿por qué unos trabajan como padres, sudando el sueño de los que desean ser hijos para siempre?

viernes, julio 18, 2008

Guardar el fuego

Fuego

Cuando aun era un niño sin escuela, como mis padres trabajaban fuera y la casa quedaba vacía, pasaba mucho tiempo donde mi abuela materna. Era ella una mujer sencilla, que vino a Madrid con veinte años para trabajar de sirvienta y, al poco, casarse con un joven electricista, serio y prometedor. Vivía en un piso interior de la calle Velázquez, sin nevera y sin televisión, y su cocina aún se alimentaba con carbón y leña. Era sabia en emociones, analfabeta en conocimiento, y yo la adoraba y vivía siempre pegado a sus faldas.

Mi abuela era experta en guisos de puchero. Un día observé que tenía uno puesto en el fuego, y que ya cocía. Se oía el burbujear, y se sentía la violencia interna del vapor, como un rugido profundo, luchando por escapar y liberarse. Yo le dije: “Yaya, el puchero está enfadado ¿por qué no le quitas la tapa?”

Las cosas que se aprenden de verdad son como el casco de una barca en la que vamos navegando. Con el tiempo se le adhieren plantas, moluscos…, hasta que la barca, sin dejar de ser barca, se convierte en algo distinto, en una especie de memoria viviente del mar de la vida.

Así que no recuerdo claramente lo que mi abuela me respondió entonces, y donde empezaba o acababa su sabiduría real. Pero lo que me dijo fue algo parecido a esto:

“Hijo, cuando los pucheros se ponen al fuego, aunque parezca a veces que vayan a explotar, hay que tenerlos siempre tapados. Si los dejas abiertos, todo lo bueno se va con el humo. Las cosas destapadas tardan más en cocer y quedan enteras, pierden el sabor y la fuerza, y cuando después se sientan tus invitados a la mesa la comida que les pones ni alimenta ni sabe a nada, porque ha perdido toda su sustancia”

Ella no me dijo entonces, pero yo lo aprendí luego recordando sus ollas puestas a cocer, que nuestra cabeza y nuestro corazón son también pucheros, de un material diferente. Hablar demasiado, expresar siempre tus sentimientos, apenas brotados, asesinar las preguntas con rápidas respuestas, es como levantar la tapa de todas tus ollas.

La fuerza que perfecciona las cosas de nuestro pensar, de nuestro sentir, de aquello que vivimos para nosotros mismos y para darlo a otros, es un fuego interior que hay que saber encender y alimentar y, sobre todo, poder soportar encendido.

Sin ese fuego no puedes crear y, si lo intentas, lo que hagas se morirá apenas brotado y será olvidado sin dejar recuerdo.

Cuando falta ese fuego tu semilla pierde su fuerza, te vuelves extranjero y furtivo en tu existir. La vida, en fin, aparta de ti ese cuerpo con el que te abrazaba, enamorada, para que en ella pudieras crear. Para que pudieras verte ahí fuera y sentirte carne y sangre, tu, que apenas eras un sueño.

sábado, julio 05, 2008

El Barco de los Locos

Fitzcarraldo. Werner Herzog

I

Ayer, a las tres de la tarde, salí del trabajo a las calles hinchadas de sol como las velas de un barco. El cielo azul navegaba en lo alto, en el cauce de las casas, como un río de aire enamorado del agua.

Sobre las aceras, dos hileras de árboles alzaban ordenadamente sus ramas cargadas de hojas, como enormes cerillas encendidas de llama verde, como paraguas de gnomo volteados por el aire de alguna tormenta invisible.

La variedad asombrosa de las cosas brotaba a mi alrededor como el jardín de un mago, aparecido de pronto. Un jardín que ya estaba aquí antes de que yo llegara, pero apagado y dormido, como una feria con su noria y su tiovivo mudos, ocultos bajo las lonas, y a los que mis ojos al mirar, hubieran descubierto y dado la vida.

Y cada cosa, del millar de cosas en las calles y en el cielo, parecía escuchar una música interior que les hacía bailar con un ritmo propio, distinto al de las demás cosas. Cada cosa del billón de cosas bailando su baile, cantando su son, y sin chocar unas con otras... Milagro de la adaptación mutua.

II

Me emociona a veces, y otras me irrita, el esfuerzo de los seres por amoldar su existencia al estrecho espacio de lo que es real, de lo posible. Como si la llamada realidad fuera un barco que va a partir y en el que todos quieren encontrar un sitio. ¡Habrá que dejar en tierra tantas cosas para viajar en este barco...! Al llegar a él, ya lo encontramos lleno hasta los topes.

El árbol olvida su sueño horizontal, y crece solo hacia lo alto. El pez dorado no vuela, no conoce el relámpago, nada sabe de las nubes ni de las estrellas. El pájaro no ha visto el fondo del mar, no tiene nidos de coral, ni sabe la forma en que la luz se derrama en la profundidad del agua.

¿Quien construyó el barco de lo real?¿Quien dice lo que es posible y lo que no?


¿Donde guardará Dios nuestros sueños imposibles? ¿En que planeta se alzará la montaña de nuestras renuncias?


jueves, julio 03, 2008

Hijo de Hombre

Oh! ¿Que hacer?¿Que haceeer?

I

Cuando era aún un homínido en formación, un proyecto de llegar a simio adulto, me preguntaba a menudo: "¿por qué estoy aquí?¿con que fin fui creado y qué se espera de mi?"

Con la cabeza todavía demasiado cerca del suelo (ser niño es como vivir en el barrio de los gigantes), unos pantalones cortos sobre mis lisas piernas y los dientes definitivos todavía por salir, yo había oído ya que, en contra de toda evidencia, las personas somos inmortales y perfectas. Así que, asegurado por la “cultura oficial” sobre “quién” y “cuándo” somos, solo me quedaba preguntar el “para qué” de tan milagrosa existencia.

Y en esta pregunta pasé mi infancia, adolescencia y juventud, mientras competía con los demás monillos en mostrar “al mundo entero” quien de entre todos nosotros era el hijo mas perfecto, el mejor amaestrado, el mas adaptado a las normas de vida de aquella cultura miope en la que, poco a poco, nos íbamos quedando ciegos.

II

Ahora, años después de aquel tosco principio y con más recuerdos en la memoria de los que puedo mantener, tengo la misma sensación de quien se baja del tren después de un viaje muy largo. El viajero en su compartimento vio pasar ante sí muchos paisajes, es verdad, pero ¿realmente estuvo en ellos, presente y vivo?¿notó el calor del sol sobre la piel?¿sintió en su pie el corretear de las hormigas y las diferentes durezas del suelo?¿nadó en las charcas, entre ranas y ninfas, bajo las sombras verdes?¿se internó en las ciudades misteriosas?¿acarició los árboles, olió la hierba?

Sentado en mi vagón, respirando siempre el mismo aire, cuidadosamente acondicionado a temperatura constante, sin tocar más que la piel del asiento, o del libro, o de la lata de refresco que compré en el bar... Ha pasado junto a mi un inmenso territorio pero, salvo la película siempre cambiante, y en el fondo siempre igual, del paisaje en la ventanilla, o el breve asomarse en las estaciones para hablar con quien pasara cerca ¿ha habido algo en este tren que no estuviera ya aquí desde el principio?

III

No nacemos hombre (varón o mujer), sino conciencia de Ser dormida en un cuerpo humano. El hombre real nos nace dentro, a cada uno de nosotros, cuando la conciencia despierta. Mientras tanto no somos hombre, sino conciencia que sueña en un cuerpo animal intensamente programado.

¿Qué importa lo que haga el simio mientras la conciencia duerme? Se puede ser alcalde o ministro, sacerdote, maestro, premio Nobel... Mientras no seas hombre real tu trabajo no eres tu, sino lo que hace el mundo contigo.

¿Qué otro destino puede haber para el niño que nace, sino el de llegar o no a ser un hombre real, alguna vez?

Conciencia de ser, que viaja en un hombre, que viaja en un tren. Eso soy, eso somos..., me parece.

viernes, junio 27, 2008

Aprendizajes (2). La felicidad ¿se sueña?

Arca de Noé

II

Frecuentemente, lo esencial del día no te espera en el lugar al que te diriges. Lo esencial te alcanza en el camino, antes de llegar o cuando ya has partido, en el tiempo y lugar en que menos te lo esperas.

A veces eso que llega, la Enseñanza de la Vida para Hoy, dura un largo rato y otras ocurre como en un relámpago. Cuando viene, muchas veces tu vas dormido en tu viaje, eres como un testigo muerto, pero otras felizmente estás alerta, y tu conciencia de ser pesa como un planeta y tu mirada es clara y tu mente y corazón poderosos e instantáneos.

III

Lo importante de mi hoy estuvo, como dije antes, en un vagón de metro.

Me encontraba en uno de esos asientos con espacio para tres. Enfrente, cara a cara, separadas de mí por un estrecho pasillo, había otras personas sentadas. El centro lo ocupaba una madre joven con un niño extendido en su regazo (imposible por su gesto que no fuera madre, imposible por su gesto que no fuera hijo). A la derecha una mujer muy gruesa, con los ojos hinchados y ojerosos. Y a la izquierda un hombre de piel oscura, pequeño y fuerte. “Bolivia” pensé, al contemplar su cara. Mi amiga blanca e india. Y recordé a Marie-SantaCruz-supelonegro y el sabor del amor a los veinte años.

Lo primero que me llamó la atención fue la expresión del niño. Reflejaba la mas completa felicidad. Los ojos entrecerrados, la mejilla apoyada sobre el pecho de la madre, con una mano en su cintura y en la otra sosteniendo un pequeño juguete. Todo lo que el niño anhelaba estaba allí con él. No hacia falta preguntar, bastaba con ver esa sonrisa en su cara, esa expresión de felicidad que no sospecha aun de la muerte.

Ese niño, no se como, había hecho el gran descubrimiento. Poseía el tesoro. ¡Era feliz!.

En cuanto a la madre, ya la cosa era distinta. También su sonrisa mostraba que llevaba con ella, ahora, lo más precioso del mundo. Pero, al parecer, esto no era ya bastante para hacerla feliz.

De la mujer gruesa, a la derecha, surgía de cuando en cuando una queja animal. Era un ruido gutural, casi obsceno, que ella profería sin pudor, como sin darse cuenta. Su cuerpo y su rostro reflejaban un dolor continuo e intenso, un sufrimiento que mantenía sus ojos permanentemente húmedos y le empujaba la conciencia al borde del animal, o de la locura. Pero su dolor no parecía físico. Era como si la raíz del daño estuviera en su cabeza, en la recurrencia tormentosa de sus pensamientos.

Y a la izquierda el hombre pequeño y oscuro. A través de su cuerpo, de su rostro y de sus ojos me hablaba un misterio que mi corazón presiente, pero mi razón no alcanza a entender todavía. Misterio de la piedra, ni feliz ni infeliz, misterio humilde y terrible del indio: “¡Soy!Aquí estoy y aquí me quedo”.

IV

Al ver a estos cuatro seres, y a otros muchos alrededor, cada cual distinto de los otros, cada uno con su mensaje en el rostro, con su vida, su vestido, su equipaje ... pensé:

"En el reducido espacio de este vagón conviven infiernos y paraísos, mundos diversos donde el ser humano se deleita y sufre tortura. Todos vivimos juntos en este estrecho espacio, la realidad “ahora” es la misma para todos y, sin embargo, unos son felices en ella y otros no.

Si el mundo ahora, o sea este vagón, es el mismo para todos, si todos somos humanos, si nuestro tiempo se mide por el mismo reloj, ¿por qué unos son felices y otros no? ¿por qué, con los mismos materiales unos fabrican felicidad, otros dolor, y otros ni una cosa ni otra?

¿Que tiene ese niño, sobre todo, que no tengamos los demás?

Solo una respuesta vino a mi: “Sus sueños”.

¿O tal vez será al revés?¿Tal vez los sueños, dolorosos, los llevamos nosotros?

La felicidad y la tristeza ¿se sueñan?
¿Son nuestros nuestros sueños?
¿se puede soñar lo que se quiera?"

jueves, junio 26, 2008

Aprendizajes (1). La felicidad, mañana

Hoja, agua y rocas

I

La Escuela está en todas partes.

A veces sus clases se imparten en vagones de metro a los que llegas dormido, como si fuera una mañana normal. Entras allí creyendo que solo vas a la oficina, o a la universidad, dispuesto a gastar tristemente el día para ganar la libertad de la media tarde. Y en esos vagones permaneces quieto mientras te transportan, viviendo uno de esos ratos muertos en los que la existencia es solo espacio en blanco, un puro reflejo sin conciencia. Hay momentos en la vida que son como llamitas tenues, que apenas existen mientras se van gastando, y luego desaparecen en la nada, sin fuerza siquiera para convertirse en recuerdo.

Crees, mientras estás ahí, esperando a que el viaje acabe, que lo importante del día está más allá. En el trabajo, quizá, en los éxitos a obtener o, por lo menos, en poder soportarlo todo y acabar la jornada con el corazón entero. Es seguro que en alguno de los resquicios del día espera la felicidad.

Y si no es hoy, será mañana.

Mañana, si, mañana es más probable… Casi todos los días de mi vida he sabido con certeza que hoy no sería feliz, pero que lo sería mañana.

La vida siempre es ahora, la vida nunca es “mañana”.

martes, junio 24, 2008

Burbujas (III)

Sin título

Dios creó el Mundo en siete días, según dicen.

Su Mundo, tal vez, pero el tuyo no. Tu mundo no existe, hasta que tu no lo creas.

Tu mundo es una burbuja en Su Océano, un pequeño vacío que se obstina en existir en la inmensidad del agua.

La burbuja, ¿es Océano también, o resistencia a Él?

La piel de mi conciencia es un beso a Dios. De un lado el Universo es suyo, del otro mío. Si la piel no existiera y no hubiera separación ¿como podría nacer un Beso?

domingo, junio 15, 2008

Razones

Rueda de la Vida. Parque Vigeland (Oslo)


Se que tengo razón y, a la vez,
estoy profundamente equivocado.
Pues mi razón es tan pequeña,
que no puede vivir en ella
la razón de mi adversario
.

Cuando se nos escapa el perro


I

Una de las señales más claras de que aquello en lo que creo no funciona: un “universo” atento a mis deseos, un “dios” a mi imagen y semejanza, un “mañana” en el que todo lo que espero ocurrirá...., es mi nula capacidad para evitar el dolor a los seres que están mas cerca. Y lo que es más, la repetida vergüenza de ser yo mismo, tan a menudo, el origen de ese dolor.

Digo, a propósito, “los seres que están más cerca” y no “a los que más quiero”, por evitar esta palabra resbaladiza, “querer”, que tiene sombras y huecos donde todos dicen que es pura y lisa, escondites por los que a menudo asoma la mueca del egoísmo más desvergonzado. “¿Querer?”, no olvides que estás en Babel, y cada uno da a las palabras el contenido que puede y quiere, más grande o más pequeño, según el tamaño de su conciencia y su corazón. Si eres un animal, tu amor tendrá largos dientes...

II

A veces uno se siente como cuando se le escapa el perro. Observas, impotente, que el animal enloquece de rabia y, en un instante, siembra a mordiscos el dolor a tu alrededor. Hiere primero, y con más saña, a los que están más cerca de ti, a los que más aprecias y quieres. Sobre ellos cae ese perro con su mayor salvajismo.

No eres tu, ya lo se, es él, es tu perro... Pero te sientes responsable, porque tu mimaste a ese animal, lo protegiste, lo alimentaste... El “perro” es un ser al que tu mantienes vivo cada día. ¿Y para que?... ¿Quien sabe? Quizá es tu único amigo, que lucha por ti cuando lo necesitas. Quizá te hace sentir poderoso. Ahora que lo pienso... tal vez incluso pudieras ser Rey, si él quisiera ser tu siervo.

Pero, como decía, algo en todo esto no funciona y... ¡a mi se me escapa el perro!

viernes, junio 13, 2008

Abrazo


Dos magos, soñadores del agua y de la luz
y creadores de mundos en la conciencia felina.

Comprendiendo

Fuente. Parque Vigeland (Oslo)



Buscaba a Dios en mi,


pero está en Nosotros


martes, junio 10, 2008

Burbujas (II)

La Escalera de Jacob. William Blake.

II

Al camino de siempre, que está hecho de asfalto o arena y tiene ya principio y final, no se le ama porque viva y permanezca con nosotros en el andar, sino por todo lo contrario: porque acabará y lo olvidaremos, alcanzando ese lugar de ensueño al que creemos dirigirnos.

¡Que tristes parecemos en la vida, al caminar! ¡que ciegos y que endurecidos! Llevamos en la cabeza el sueño de la felicidad futura y la promesa del más allá se convierte a menudo en desprecio de lo que está más cerca.

Estos caminos del mundo en los que estamos sin estar, olvidados nuestros pies mientras caminan, con el corazón en la mirada y la mirada puesta a lo lejos, creyendo vislumbrar lo que aun no existe... (Y si no existe ahora, ¿cuando existirá?) Los seres, las cosas, los paisajes que vienen, nos llegan y ya se van marchando, sin apenas ser recibidos.

¿Por qué trato al Mundo como si fuera un siervo? Al mundo y a los seres que me trae el mundo: a mi cuerpo, a mi mente y a mi corazón, y a la envoltura de todo, eso a la que llamo “yo mismo”.

Me dejo servir por todos sin siquiera mirarlos, como si fueran objetos, como frascos de vidrio a los que se deja a un lado, transparentes, cuando se ha agotado su contenido. Mi atención está puesta en mis sueños, y no sobre estos seres de carne y hueso, de polvo y sangre, de piedra y de profundidad, en los que se sustenta mi vida.

Algunos de estos seres que nos trae el camino durarán un tiempo en la memoria, como fantasmas que se niegan a marchar pero a los que ya no queda sangre o sustancia para pintar en colores la luz, acariciar la tierra o provocar sonido; otros permanecerán apenas un instante con nosotros pero, a la mayoría, ni tan siquiera alcanzaremos a verlos.

Y en ese tiempo vacío será como si no hubiéramos existido: nosotros por no sentir, ellos por no ser sentidos.

Si no hubiera Algo más grande que yo en alguna parte del Alma…, si la Creación entera dependiera solo de mi vida y mi conciencia ¡que Universo más pobre sería el nuestro!!que enormes lagunas de olvido!¡que eternidades de no existir!¡que cuerpo inmenso para mis planetas y soles del que nadie podría recordar las manos, los ojos, o el corazón!

lunes, junio 02, 2008

Burbujas ( I )



I

En nuestro tránsito por el Hombre, a lo largo de esta experiencia de cuerpo y conciencia que llamamos vida humana, ocurre algo parecido a lo que pasa al andar cualquier camino sobre la Tierra.

Los pasos nos llevan, los ojos puestos en la búsqueda interior, por distintas comarcas. Los paisajes del alma cambian bajo la luz del sol o de la luna. Y lo que pasa fuera, y lo que pasa dentro, son como hermanos gemelos separados por un espejo. ¿quien sabe cual es la imagen y cual el reflejo?

A veces el mundo, ahí fuera, tiene frío. Otras languidece de calor, y el camino se vuelve una lengua larga y muda, de arena seca. ¿Cuanto tiempo he permanecido sin hablar porque el mundo endurecido en el que vivía no fue capaz de articular una sola sílaba?¿Y cuantas veces mi tristeza juntó las nubes en el cielo y llenándolas de congoja les hizo llorar?

Los paisajes que llegan de fuera a veces son tan extraños que nos obligan a despertar del sueño interior, con un sobresalto, a devolver nuestra conciencia al cuerpo. Entonces, en ese instante, como si el mundo inmenso apoyara el pie sobre la punta de una aguja y en ella se balanceara, todo el espacio y el tiempo se juntan entre tus ojos, o sobre tu corazón. Se abrazan en ti todas las cosas, y lo que era y lo que es se vuelven uno contigo en este punto único del Ser que eres, en este aquí y ahora.

El espejo se rompe por un instante, eterno o fugaz instante, y reconocemos como en un relámpago que nunca estuvimos solos, que la Gran Vida en la que existimos es consciente de nosotros, que caminamos sobre el Misterio como sobre la piel desnuda y alerta de un extraño planeta, de un Poeta incomprensible de la vida y de la muerte.

domingo, junio 01, 2008

Y dijo Jesus:

Madre Primordial. Johfra

Hágase en mi,
según Tu Palabra

miércoles, diciembre 12, 2007

Busquedas y digestiones

La noche del diluvio. Turner


Antes buscaba la Verdad,


ahora me conformo con la coherencia.


Problemas digestivos, quizás.

domingo, octubre 07, 2007

Despertar

La Bella Durmiente. Kinuko Craft

I

Esta noche soñé con una ciudad que parecía conocer bien mientras duró mi sueño, pero luego, al despertar, supe que no existía en este mundo nuestro.

Había dejado abandonados ciertos objetos personales y queridos en algún lugar público, creo que una especie de pequeña marquesina cerrada, como una cabina telefónica. Era un refugio que protegía del frío y de la lluvia al viajero que, atento a lo evidente, supiera reconocerlo al pasar y quisiera detenerse unos momentos. Los dejé en aquel lugar no por olvido, sino porque debía volver a pasar por aquel sitio más tarde y nadie, que yo supiera, había nunca entrado allí más que yo.

Llevaba ya caminadas varias manzanas (recuerdo las calles, los edificios, los árboles) cuando pensé que aquel rincón no era realmente mío, que alguien podría pasar por allí y llevarse mis cosas al pensar que estaban abandonadas.

Volví pues, desandando deprisa el camino. Sentía cierta inquietud al recorrer de nuevo esas calles, más largas de lo que hubiera querido y que, a medida que avanzaba se me iban haciendo menos familiares. Y así hasta llegar a un lugar que todavía conocía, pero en el que ya dudaba de cual de los caminos debía tomar. En ese momento de indecisión, que se hizo interminable, con la inquietud de haber perdido los objetos que tanto necesitaba y quería, me desperté.


II

Justo en el instante de abrir los ojos a este mundo que compartimos, comprendí que aquello que tanto me preocupaba en el sueño, llegar a tiempo y recuperar mis cosas, era ahora completamente intrascendente. En el acto de despertar no solo aquellas pocas cosas mías, sino la ciudad entera y, aún más, el que transitaba por ella se habían perdido. Pero nada de todo aquello importaba al que despertó. Plena conciencia e interés nulo por aquellos mundos, así se podría definir su estado.

Y supe, con certeza, que esta ciudad en la que escribo ahora no es más real que aquella otra en la que mi conciencia caminaba en sueños. Ambas están fabricadas, me parece, de la misma sustancia: una especie de presencia cruda que ahora casi me siento capaz de tocar.

Y me surge la pregunta:

¿Si ese fue el despertar del sueño horizontal, por qué el otro Despertar ha de ser diferente?

En ese instante del Despertar se disipará este universo de ahora, que en realidad se llama Francisco. Se borrará en un momento, como si nunca hubiera existido. Y esto no tendrá ninguna importancia para el que despierta. Tal vez porque se sabe a la vez soñador y materia de la que se hacen todos los sueños. Francisco podría volver en cualquier momento si Eso quisiera pero, ¿para qué?.

Siento que en mis labios se curva la sonrisa, una sonrisa que brota desde adentro, como el pájaro gigantesco que anida en el Corazón y extiende sus alas más allá de si mismo.

Si algo mío sobrevive al Despertar creo que solo podrá ser esta Sonrisa.